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La vivencia y el encuentro

Es el acto de estar ahí, presente.

Y esto, para producirse, necesita una condición especial:

confiar. Se necesita confiar en la vida,

estar abierto y entregarse sin
pre-juicios.

La vivencia se produce en aquellos

momentos en que desconectamos

de la experiencia que nos

condiciona....

En el sistema Biodanza, trabajamos con vivencias, pero no siempre entendemos que queremos decir con esto. Si le preguntamos a alguien ¿qué es una vivencia? seguramente nos responderá con otro concepto: “es una experiencia”. Esto radica en la dificultad, por no decir imposibilidad, de expresar en forma verbal o conceptual, el momento presente.

 

El relato de la experiencia es siempre, historia. Y cuando hablamos de historia creemos que hablamos de hechos, pero no es así. “No existen hechos, solo interpretaciones”, nos dice Nietzsche. La experiencia es esencialmente eso, el relato de los hechos que creemos –interpretamos- que nos pasaron.

 

La vivencia es otra cosa. Es el acto de estar ahí, presente. Y esto, para producirse, necesita una condición especial: confiar. Se necesita confiar en la vida, estar abierto y entregarse sin pre-juicios.(…)

 

Desde la experiencia pre-vemos, pre-sentimos, prejuzgamos, antes de vivir. La experiencia nos hace al mismo tiempo profetas “Seguro que me va a pasar lo mismo que antes” y exegetas “Viste, yo sabía que esto me iba a pasar” Para vivenciar, es necesario romper con la historia, es decir, entrar en otra temporalidad.

 

El tiempo de la vivencia es el presente, pero decir presente desde la conciencia no es lo mismo que estar presente. La conciencia es por sí misma representación de la realidad. En cambio en la vivencia somos el presente.

(…)

Podemos decir además, que la experiencia tiene una enorme densidad. Nos pesa físicamente, se siente en los hombros como si cargáramos una mochila que nunca termina de llenarse. La experiencia es grave. La vivencia en cambio es del orden de la levedad. Aún aquella que nos sumerge en lo más profundo del abismo personal es leve.

(…)

Y esto por último, la experiencia no solo es grave sino que es extensa. Es duración en el tiempo, permanencia, memoria. Las vivencias son, en esencia, breves; son instantes concentrados de vida, pequeñas perlas de eternidad.

 

En el eco de la voz de Krishnamurti (Comentarios sobre el vivir) todavía escuchamos esto: “… No hay separación entre el observador y lo observado; no hay tiempo, no hay intervalo espacial para que el pensamiento se identifique a sí mismo. El pensamiento está completamente ausente, pero hay ser. Este estado de ser no puede ser pensado o meditado, no es una cosa que pueda ser realizada. El experimentador debe cesar de experimentar, y únicamente entonces hay ser. En la tranquilidad de su movimiento está lo atemporal.”

 

Cuando conocí Biodanza, hace treinta años, fue esto lo que me conmovió, aún sin haberlo entendido en ese momento. Me sorprendía y aún hoy me maravilla, que el tiempo cambie entre el inicio y el final de la sesión, que en algunos ejercicios quede conmovido pero sin registro histórico de lo sucedido, o en otras palabras, en trance. Y esto sucede simplemente porque Biodanza es un sistema que trabaja con la inducción de vivencias.

 

 

El facilitador de Biodanza utiliza tres elementos para este fin: la música, que estimula la emoción, el movimiento, que abre la puerta a la expresión, y la consigna con la que el facilitador define el sentido del ejercicio, pero sobre todo, facilita la ruptura con la experiencia y así permite abrirse a lo nuevo, es decir, a vivenciar.

 

Y seguramente alguien podrá preguntar ¿Pero es esto terapéutico? La respuesta es: Sí y mucho. Y además desde una perspectiva diferente a la tradición terapéutica, o sea, trabajando sobre los aspectos sanos de las personas, la vitalidad, el erotismo, la creatividad, la ternura y la trascendencia.

 

La sucesión de vivencias genera en el participante de Biodanza un gradual proceso de integración. En principio, integración entre emoción y acción o expresión. Pero paulatinamente, la integración puede alcanzar niveles más complejos, más profundos, donde nos acercamos al ser que somos.

 

Comencé diciendo que la vivencia, para producirse, requiere un acto de confianza y es aquí donde llegamos al centro del sistema Biodanza: la afectividad. El amor es el único elemento que facilita el acto milagroso de confiar.

 

El facilitador de biodanza sabe, que el núcleo generador del fenómeno humano es la afectividad. Y al mismo tiempo sabe que la causa de casi todos nuestros transtornos existenciales es la carencia afectiva. Nuestra experiencia, es decir nuestra historia, está signada por la mayor o menor herida afectiva, que nos ha llevado a des-confiar de todo, y sobre todo, de nosotros mismos.

 

Por eso, Biodanza es un sistema de integración afectiva, no una terapia corporal. No es el cuerpo como objeto de tratamiento el eje del sistema Biodanza, sino la ternura, la caricia, la creatividad y el encuentro re-incorporados a un ser que, muchas veces, ha devenido en un cuerpo vacío de sí mismo.

 

El amor, la ternura o la afectividad no están en el cuerpo, sino entre dos o más cuerpos que se encuentran. Aquí es cuando podemos entender la definición clásica de Biodanza de Rolando Toro, que muchas veces parece muy técnica: Biodanza es un sistema de integración afectiva, renovación orgánica y reaprendizaje de funciones originarias de vida, que funciona por la inducción de vivencias integradoras a través de la música, la danza y ejercicios de comunicación en grupo. Si la entendemos, seguramente nos quedaremos con otra definición de Rolando, más simple, pero sin dudas más profunda: Biodanza es una poética del encuentro humano.

 

FUENTE: Revista Argentina de Biodanza nº1

ARTICULO : La vivencia y el encuentro

AUTOR: Carlos García

 

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